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Planificación en el alivio del dolor. ¿Qué puede estar fallando?



El comportamiento de las personas cuando sufren dolor varía dependiendo de varios factores. Algunos tienen tan poca tolerancia que con cualquier incidente acuden a buscar ayuda de inmediato; mientras que otros pueden durar años, incluso décadas, para buscar ayuda. Solo en el caso en que el dolor sean tan intenso que impida la realización de las actividades cotidianas, laborales o deportivas es que los de este último grupo deciden acudir al médico y/o al fisio.


Con ambos grupos hay trabajo por hacer, porque no hay virtud en ninguno de esos extremos. Los primeros tendrán una tolerancia tan baja al dolor que tendrán dificultades para cumplir no solo sus tareas cotidianas, sino aquellas de ocio y recreación. En este grupo puede existir una mayor predisposición a la ansiedad y al desarrollo de la kinesiofobia (miedo al movimiento).


Los segundos en el otro extremo tienden a ser más imprudentes, por lo que una lesión que en un principio habría sido fácil de corregir, al volverse crónica su solución será más compleja.


En ambos casos hay que tomar en cuenta factores de hábitos de vida, cómo la hidratación, el descanso, la nutrición, el manejo del estrés y la actividad física.


Cualquiera puede pensar que lo que más afecta a la persona se relaciona con la intensidad del dolor, pero en la práctica esto no es así. Más que la intensidad del dolor, lo que angustia a los pacientes es no entender por qué está presente el dolor y no saber qué hacer cuando lo padece, por lo que empiezan a tomar medidas aleatorias, esperando que alguna de ellas tenga resultado.


La automedicación, remedios caseros, cambios de posición, aplicación de calor y frío, terapias alternativas, ejercicios, buscar otras opciones por internet, suelen ser algunas de las medidas que se toman, esperando tener éxito.


Del mismo modo, aun acudiendo al médico, la estrategia no suele ser la adecuada. Un exceso de tratamiento farmacológico y una pobre de indicación de “-vaya a caminar y a hacer natación, nada de impacto” son los predilectos. Pero esto ya es tema para otro artículo.


El problema de esto, más allá del cuestionamiento de cada medida de manera individual, radica en la falta de un análisis adecuado del dolor y la falta de estrategia para atacarlo. Creo que aquí está la razón por la que hay tantos fracasos en el alivio del dolor.


Entonces si usted acude a buscar ayuda, debe recibir información que abarque lo siguiente:

  1. Educación en el dolor y en su condición específica. Entender que en algunos casos el dolor es normal y tiene unos plazos que pueden ser predecibles ayuda a bajar la ansiedad y la angustia.

  2. Mecanismos para controlar y aliviar el dolor: cambios de posición, aplicación de calor/frío, uso de alguna ayuda como vendajes, fajas y/o collarín (en caso de ser necesario); prescripción de medicamentos (en caso de ser necesario) y cuando debería dejarlos; prescripción de un programa de ejercicios terapéuticos. Este último es probablemente el más importante. Recuerde que el ejercicio es la mejor herramienta de la que disponemos para aliviar el dolor.

  3. Estrategias para manejar el estrés. Meditación, ejercicios de relajación, etc.

  4. Orientación sobre la necesidad de una hidratación, nutrición y suplementación adecuada.

  5. Mecanismos para mejorar la calidad del descanso.

  6. Planificación concreta sobre un inicio o retorno a la actividad física y deportiva.


Si cada caso es único e individual, usted como paciente debe percibir que está siendo atendido como tal. Si esto no es así, busque otro profesional.


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