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Reflexiones sobre el dolor crónico



El dolor es como el enemigo en una guerra, mientras mejor lo conoces más fácil será derrotarlo.


Esta frase es casi siempre el inicio de todo proceso terapéutico en mi consulta, sobre todo si hablamos de pacientes con dolor crónico (dolor persistente). Lo crónico no habla de la gravedad de la situación sino del tiempo en que ha estado presente el dolor (más de 3-6 meses en adelante).


La simplicidad con la que, tanto médicos como fisioterapeutas, evalúan ciertos casos deriva en un fracaso en los resultados. - “Te duele porque tienes una inflamación en el tendón”, - “te duele porque hay un desgaste en los discos vertebrales”, - “te duele porque te sobrecargaste al entrenar”, etc.


La realidad es que existe una gran complejidad en el comportamiento del dolor, a través de una serie de mecanismos que se conjugan para desencadenar los síntomas.


Entre estos mecanismos se encuentran: pobre calidad del sueño, déficit en la hidratación, poca o nula actividad física, poca exposición al sol y actividades al aire libre, pobre manejo del estrés, debilidad muscular, déficit de vitamina b12, signos de ansiedad o depresión, entre otros factores.


Me resulta curioso como la mayoría de pacientes que recibo presentan algunas de estas características dentro de su cuadro de dolor. Es decir, hablamos de que sus propios hábitos de vida tienen una mayor influencia en el dolor que una sola "lesión" puntual (desgarro, desgaste, hernia, etc.). La lesión vendría siendo algo así como la punta de un iceberg.


Has recorrido tantos lugares, has visitado tantos “especialistas”, tantos “gurús”, que prometen y prometen. Prometen el cielo, la luna, el sol y de paso algunas estrellas. Sin dar con la tecla de lo que te ocurre. Y en eso se te van los días, las semanas, los meses, los años… la vida.


Solo aquel que lo padece, sabe. Quién no lo ha padecido se encuentra inexplicable todo esto.


Por esto creo fundamental cumplir con ciertos parámetros: preguntar mucho sobre los hábitos de vida de cada paciente, concientizar sobre la importancia de una buena calidad del descanso, la hidratación y nutrición; tratar de conformar un equipo multidisciplinario para los casos que ameriten, estructurar un plan de ejercicios que mejoren las capacidades físicas de cada paciente, fomentar la práctica de algún hobbie o deporte, entre otras cosas.


Pequeños cambios pueden hacer grandes diferencias. Lo importante es que puedas encontrar un profesional que se tome el tiempo para PENSAR en todas las posibilidades que puedan ayudarte en vez de recetar cosas de manera aleatoria (como la natación, por ejemplo. ¡SE TENIA QUE DECIR Y SE DIJO!)


Y tú, ¿has padecido o padeces dolor crónico? Me gustaría saber tu experiencia.


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